El reciente viaje del presidente a Medio Oriente mostró la gravedad de la decisión de Donald Trump y sus nefastas consecuencias. Esto fue sólo el comienzo. El martes 29 de octubre, cuando el avión que transportaba al presidente Gustavo Petro a los Emiratos Árabes Unidos hizo escala técnica en Madrid, algunos proveedores de combustible se negaron a abastecer el barco por temor a sanciones de Estados Unidos. Sus dudas se basaban en el hecho de que el nombre del presidente acababa de ser incluido en la famosa “lista Clinton”, pero también revelaban un profundo desconocimiento del instrumento. Este hecho amerita revisar la figura y conocer su alcance. La Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro de Estados Unidos es la herramienta financiera que Washington utiliza para sancionar a gobiernos, grupos, empresas e individuos que, según la Casa Blanca, amenazan la seguridad nacional, la política exterior o la economía estadounidense. Aunque hoy se asocia a medidas modernas contra el terrorismo, la proliferación de armas o el tráfico de drogas, sus orígenes son mucho más antiguos: la OFAC se creó formalmente en 1950 para imponer controles económicos durante la Guerra de Corea y desde entonces ha ido acumulando autoridad y listas técnicas –la más conocida es la “Lista de Nacionales Especialmente Designados” (SDN)- cuyo alcance real excede con creces las fronteras estadounidenses. OFAC ¿Por qué algunos la llaman “la lista Clinton”? El apodo popular de “lista Clinton” proviene del hecho de que durante la presidencia de Bill Clinton en la década de 1990, el gobierno de Estados Unidos utilizó agresivamente las designaciones para atacar redes internacionales de narcotráfico –incluidos ataques importantes contra los cárteles colombianos– y emitió órdenes ejecutivas específicas para bloquear importantes activos del narcotráfico. Estos episodios reforzaron la imagen pública de que la lista era una creación o sello típico de esa administración; Sin embargo, la herramienta (OFAC y su práctica de designación) es institucional y ha sido utilizada por gobiernos de diferentes tipos mucho antes y después. Tesoro de los EE. UU. Qué hace la lista en la práctica y por qué tiene efectos internacionales Técnicamente, una persona incluida en la SDN tiene sus activos “bloqueados” bajo la jurisdicción de los EE. UU. y tiene prohibido cualquier relación comercial con ciudadanos o entidades estadounidenses. En la práctica, esto genera poderosos efectos extraterritoriales: los bancos internacionales –por temor a multas millonarias y perder acceso al sistema financiero estadounidense– a menudo cierran cuentas, se niegan a procesar transferencias o suspenden servicios a cualquiera que aparezca en las bases de datos de la OFAC. El resultado es una forma de aislamiento económico que puede operar incluso en países donde la persona sancionada no enfrenta cargos judiciales locales. Esta sobreadaptación o “sobrecumplimiento” de las instituciones privadas multiplica el impacto real de la lista fuera de Estados Unidos. LeMonde Cómo cambia en la vida cotidiana la vida de alguien incluido en la lista Para quienes aparecen en la SDN, la vida cotidiana puede convertirse en un laberinto administrativo: se enfrentan a dificultades extremas para abrir o mantener cuentas bancarias, bloqueos de tarjetas, imposibilidad práctica de recibir transferencias internacionales, obstáculos para firmar contratos con multinacionales, problemas para cobrar comisiones en moneda convertible y el riesgo de que terceros (proveedores, clientes, bancos) corten relaciones por miedo a sanciones indirectas. Además, la reputación se daña y los recursos para operar a nivel internacional se reducen drásticamente. ¿Puedes luchar contra la inclusión en la lista? Sí: la OFAC tiene un procedimiento administrativo formal para solicitar la remoción – una “petición de remoción” o solicitud de reconsideración – que comienza escribiendo a la OFAC (correo electrónico indicado en su sitio web) y brindando evidencia que refuta la base de la designación o demuestra un cambio en las circunstancias. Esta vía administrativa es la primera y, en muchos casos, la más práctica. También existen remedios judiciales: las designaciones pueden impugnarse ante tribunales federales estadounidenses, aunque la jurisprudencia exige que actúen con deferencia hacia el Ejecutivo en cuestiones de seguridad y política exterior, lo que hace que las impugnaciones legales sean complejas y con un grado de éxito incierto. En la práctica, una estrategia combinada (presión diplomática, pruebas en la solicitud administrativa y, si es necesario, litigio) suele ser la ruta recomendada por los abogados encargados de las sanciones. OFAC y Colombia: antecedentes y heridas abiertas Colombia no es ajena a las designaciones de la OFAC. En las décadas de 1990 y 2000, las designaciones contra miembros de cárteles y empresas pantalla tuvieron efectos directos en las investigaciones locales y facilitaron la cooperación internacional en incautaciones y divulgación de información. Al mismo tiempo, muchas decisiones de Washington sobre personas vinculadas al narcotráfico o al crimen transnacional han alimentado debates políticos en Colombia sobre la soberanía, la selectividad y las consecuencias sociales de estas listas. Las designaciones han servido como herramienta contra las estructuras criminales —con efectos positivos en ciertas investigaciones—, pero también han generado tensiones diplomáticas cuando afectan a figuras o funcionarios políticos. El 24 de octubre de 2025, el Tesoro de Estados Unidos anunció la designación del presidente Gustavo Petro, así como de personas de su entorno —entre ellos su esposa, su hijo y el ministro Armando Benedetti— bajo autoridades relacionadas con la lucha contra el narcotráfico (EO 14059 y normas relacionadas). El comunicado del Tesoro acusa que, desde que Petro llegó al poder, la producción de cocaína en Colombia alcanzó niveles históricos y que el presidente y su administración permitieron o no frenar las acciones de grupos vinculados al narcotráfico. La medida incluye la inclusión en el SDN y el bloqueo de activos en EE.UU., así como advertencias a terceros que mantengan relaciones con los designados. La noticia generó reacciones inmediatas en Bogotá y en el exterior: desde declaraciones de rechazo del propio presidente -quien negó las acusaciones y aseguró que las autoridades colombianas han intensificado las incautaciones de drogas- hasta declaraciones oficiales de senadores y del Ejecutivo estadounidense tratando de aclarar el alcance de las medidas. Los analistas legales han señalado que la designación es poco común (colocar a un jefe de Estado en una SDN no es común), pero no tiene precedentes en la historia de las sanciones estadounidenses. ¿Qué significa para Petro y su gobierno? En el plazo inmediato, la inclusión en la SDN complica la vida financiera personal de quienes están en la lista: las cuentas en entidades con exposición a los EE. UU. pueden congelarse o cerrarse, las operaciones internacionales se vuelven difíciles y los aliados financieros extranjeros pueden cortar los lazos. Para el gobierno colombiano, implica también un potencial choque diplomático: reducción o condicionamiento de la cooperación en materia de seguridad, riesgo de mayores controles sobre las transferencias de ayuda o asistencia, sin olvidar el efecto reputacional de ver al presidente señalado por la principal potencia económica mundial como facilitador de actividades relacionadas con el narcotráfico. Reuters Dentro de Colombia, la inclusión del presidente Gustavo Petro y su círculo cercano en la lista de la OFAC no sólo tiene implicaciones financieras o diplomáticas; También abre un importante frente político que reconfigura el debate interno y ofrece nuevos argumentos a los sectores opositores. Para los detractores del gobierno, la sanción funciona como una validación internacional de sus críticas a la forma en que la administración ha manejado la política antidrogas, la relación con Venezuela y los vínculos con sectores cuestionados. Figuras de la oposición ya lo presentan como “la evidencia más convincente de la pérdida de credibilidad de Petro ante la comunidad internacional” y lo utilizan para reforzar la narrativa de que el país se está distanciando de sus aliados occidentales tradicionales. Sin duda, la lista de la OFAC es una palanca poderosa: técnica y jurídicamente orientada a proteger los intereses estadounidenses, pero con efectos prácticos que son globales. Llamarla “lista Clinton” puede servir para recordarnos su uso intensivo en períodos pasados, pero esconde una realidad más amplia: la OFAC es una institución con historia y herramientas que sobreviven a las administraciones y se utilizan de acuerdo con las prioridades cambiantes de la política exterior estadounidense. En el caso colombiano, el nombramiento de figuras del primer círculo del presidente Petro abre un capítulo complejo en el que se mezclan lo jurídico, lo diplomático y lo político. La salida, si la hay, probablemente será una solución híbrida: evidencia técnica, presión diplomática y, si es necesario, batallas legales que pueden durar meses o años. Mientras tanto, los efectos prácticos ya se sienten en las cuentas, los contratos y las relaciones internacionales.





