Un convento colonial reconvertido en hotel 5 estrellas gestionado por la francesa Sofitel y un resort caribeño refrescado por una arboleda se venden como Estelar y Decameron. En el corazón del Caribe colombiano, donde el sonido de las olas se mezcla con la historia, la tradición y el clima tropical, dos hoteles volvieron a ocupar un lugar destacado en el mapa económico del turismo nacional. El Sofitel Legend Hotel Santa Clara, en Cartagena, bajo la dirección de Jean-Christophe Martinez, y el Irotama Resort, en Santa Marta dirigido por Héctor Mario Díaz, formaron parte de la lista de los hoteles con mayores ventas en el país, compitiendo con los ingresos de cadenas hoteleras como Estelar y Decameron que administran un buen número de hoteles. El Santa Clara registró ingresos por 110.345 millones de pesos, mientras que el Irotama alcanzó los 101.770 millones, colocándose ambos dentro del ‘top 10’ de ventas del sector hotelero colombiano. Más allá de las cifras, los datos vuelven a poner sobre la mesa dos historias muy diferentes, pero igualmente representativas. El Santa Clara es un antiguo convento del siglo XVII incrustado en la Cartagena amurallada, reconvertido con el paso de los años en uno de los hoteles más emblemáticos de Sudamérica. Irotama, por su parte, nació hace seis décadas como un proyecto casi artesanal frente al mar de Santa Marta y creció, paso a paso, hasta convertirse en uno de los resorts más completos del Caribe colombiano. Desde contextos opuestos, ambos terminaron construyendo historias que hoy también se reflejan en sus estados financieros. Hotel Santa Clara: de convento franciscano a hotel leyenda Pasear por el Sofitel Legend Hotel Santa Clara es viajar a través de cuatro siglos de historia grabada en piedra y memoria. El edificio original fue construido en 1607 como convento de las Hermanas Clarisas con una donación inicial y un terreno donado por un benefactor local. Allí, durante más de dos siglos, se vivió la vida religiosa y comunitaria; Luego vino un largo período en el que funcionó como hospital, prisión y sede universitaria, hasta caer en el abandono. Así era antes el Hotel Santa Clara. No fue hasta 1995, en medio de una Cartagena que comenzaba a consolidarse como un destino turístico global, que un grupo de inversionistas visionarios decidió convertir aquel edificio histórico en uno de los primeros hoteles de lujo del país. Con el sello francés de Sofitel Legend, Santa Clara entró en una élite internacional de alojamientos históricos que combinan patrimonio con servicio de alta gama. |Le puede interesar Quién está detrás de la transformación de Atlantis Plaza y está a cargo de otros 10 centros comerciales en Colombia Hoy, con 125 habitaciones entre suites, clásicas y superiores, patios que reviven el ambiente colonial, obras de arte y gastronomía de alto nivel, el Santa Clara no sólo ofrece una estadía, sino una experiencia. Ha sido reconocido en múltiples ocasiones en rankings globales, incluido el World Travel Awards 2025 como Mejor Hotel de Sudamérica, y continúa siendo un imán para viajeros que buscan más que una cama, buscan historia dentro de un lujo palpable. Este equilibrio entre memoria y modernidad ha convertido a Santa Clara en un actor central del turismo cartagenero, atrayendo tanto a visitantes extranjeros como a colombianos que llegan con grandes expectativas y se van con sus propias historias. Hotel Santa Clara hoy. Irotama: perseverancia como destino Si Santa Clara es historia y elegancia, Irotama Resort en Santa Marta es una historia de perseverancia, crecimiento y resiliencia frente a la naturaleza. Su génesis se remonta al año 1963, cuando el señor Héctor Díaz Beltrán adquirió un terreno semidesértico en Pozos Colorados, un lugar poco explorado en ese momento. La construcción de las primeras 12 cabañas junto al mar fue solo el primer paso de una expansión que duró décadas e implicó abrir carreteras, drenar pantanos y crear servicios públicos desde cero. Héctor Beltrán, fundador de Irotama, QEPD A medida que el turismo nacional e internacional empezó a descubrir Santa Marta, Irotama creció: más cabañas, restaurantes, piscinas, servicios de marina y programas como la innovadora “Semana Irotama” que invitaba a quedarse más de unas pocas noches. Con el paso de los años se construyeron espacios como suites de confort superior y se inauguraron centros de convenciones únicos en Colombia, consolidando al resort como un destino integral. La expansión no se detuvo ahí. A partir de la década de 2000, proyectos como Irotama del Sol, Irotama del Mar, Irotama Reservado e Irotama del Lago sumaron decenas de departamentos hoteleros con vista al mar, spas, áreas de ocio y servicios que compiten con cualquier resort del Caribe. En 2024, la gestión del complejo pasó a manos de la cadena GHL Hoteles, con vistas a fortalecer su infraestructura y posicionamiento regional para los próximos años. Además, la Fundación Irotama, creada en 2008, ha tejido un importante capítulo social, brindando becas y apoyo educativo a cientos de niños y jóvenes de sectores vulnerables de Santa Marta, un testimonio de que el crecimiento empresarial también puede tener un impacto comunitario. Dos hoteles, un destino Santa Clara e Irotama representan dos formas diferentes, pero igualmente exitosas, de entender el turismo en Colombia. El primero habla de cómo la historia y el patrimonio pueden transformarse en impulsores de la hospitalidad y el lujo globales; el segundo, sobre cómo la visión y la resiliencia pueden convertir un trozo de costa casi olvidado en un resort emblemático. Y aunque sus caminos fueron diferentes, ambos ilustran que el turismo colombiano puede generar experiencias memorables e importantes ingresos económicos, sin perder identidad ni profundidad histórica. Ver también:





