Las fallas en aviones Airbus A320 que tiene en caos el transporte aereo ¿Que es lo que pasa?

Las fallas en aviones Airbus A320 que tiene en caos el transporte aereo ¿Que es lo que pasa?

Una falla en los sistemas de control que obliga a revisiones y actualizaciones provoca retrasos, mantiene a los aviones en tierra y obliga a detener a las aerolíneas en Colombia. El aviso llegó en un momento en el que nadie parecía esperarlo. Airbus anunció que una gran parte de su familia A320 debía someterse a una actualización de software inmediata y que, mientras eso ocurría, cada avión afectado tendría que aterrizar y permanecer quieto. Lo que empezó como una alerta técnica acabó convirtiéndose, en cuestión de horas, en una disrupción global que golpeó especialmente a los países donde este modelo es la columna vertebral del transporte aéreo. Colombia sintió el impacto sin demora: buena parte de las operaciones diarias dependen de estos dispositivos que conectan las ciudades del país como si fueran estaciones de un mismo tren. La raíz del problema no era un tornillo flojo o una pieza desgastada. La investigación técnica señaló una especie de vulnerabilidad inesperada: la radiación solar podría alterar datos esenciales del sistema que controla las superficies de vuelo. En términos prácticos, el avión podría malinterpretar la información que recibe para mantener su estabilidad. Todo empezó después de que una aeronave registrara un brusco movimiento hacia abajo, un gesto involuntario y contenido en el tiempo, pero que nos obligó a estudiar qué había sucedido en esa fracción de minuto. Los ingenieros rastrearon capas y capas de registros hasta llegar al mismo punto: un componente electrónico que, bajo ciertas condiciones solares, podría corromper información crítica. Lea también: La famosa hamburguesería bogotana que viajará a Europa con Avianca Ese descubrimiento obligó a revisar el ELAC, módulo que regula movimientos tan básicos como el cabeceo. Si algo interfiere con su funcionamiento, el avión puede reaccionar por sí solo. Y aunque no se trató de un fallo masivo ni de un riesgo inminente, el fabricante decidió actuar antes de que un segundo episodio levantara nuevas sospechas. Airbus actuó rápidamente enviando una instrucción global. Cada aerolínea tuvo que intervenir en el avión designado instalando software actualizado y, en algunos casos, reemplazando esa unidad para evitar comportamientos inesperados. La medida no permitía esperas: si el avión estaba en la lista había que ser atendido. Avianca fue una de las primeras en sentir el golpe. Alrededor del setenta por ciento de su flota pertenece a esta familia Airbus, y eso significa que su funcionamiento diario depende de que esos aviones despeguen y aterricen como una coreografía repetida miles de veces. Con los equipos entrando en mantenimiento por etapas, la aerolínea decidió cerrar las ventas hasta los primeros días de diciembre. No fue un castigo: era una forma de evitar que los pasajeros compraran un billete que, con la flota incompleta, no se podía garantizar. Durante diez días, su programación se movería como un tablero en el que cualquier pieza podría cambiar de posición. El desafío no se limita a Colombia. En todo el mundo, miles de aviones de la familia A320 requieren el mismo control. Los modelos más antiguos y más nuevos, incluidos los que consumen menos combustible, deben pasar por el mismo proceso. No se trata de una retirada masiva, sino de una intervención preventiva para garantizar que todos los equipos respondan bien a una condición que, hasta ahora, no era sospechosa. Las autoridades aeronáuticas europeas apoyaron la instrucción y pidieron a los operadores que apliquen la solución sin demoras. Algunas aerolíneas han conseguido evitar el impacto con maniobras más discretas. Jetsmart estima que sólo una pequeña fracción de su flota necesita la modificación, por lo que sus vuelos continúan con normalidad. Iberia hizo lo mismo, ajustando la programación para evitar futuras cancelaciones mientras los técnicos hacen correcciones. En todos los casos, la operación parece una carrera contra el tiempo: el fabricante pide intervenir en los aviones lo antes posible y las compañías aéreas deben redistribuir sus recursos para no dejar pasajeros en tierra. Lo que está sucediendo ahora es una mezcla de rutina técnica y desorden humano. Los equipos de mantenimiento instalan software que elimina el riesgo y, cuando corresponde, reemplazan el módulo que mostró vulnerabilidad. Los pasajeros están recibiendo mensajes explicando cambios en sus vuelos y las aerolíneas están reorganizando sus horarios para mantener el orden en medio de las masivas turbulencias. La solución es clara, pero tardará días en completarse. Hasta entonces, cualquier aeropuerto del mundo puede sentir, aunque sea por unas horas, el vacío que deja un A320 que no puede despegar.

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