La toma del Palacio de Justicia, la operación que Petro califica como la genialidad de Luis Otero

La toma del Palacio de Justicia, la operación que Petro califica como la genialidad de Luis Otero

Hace 20 años el presidente brindó detalles de cómo planeó el ataque craneal el ex comandante que también planeó la toma de la embajada dominicana Luis Otero, el líder del comando M-19 Iván Marino Ospino, fue quien desde hace varios meses se inclinó sobre los mapas del Palacio de Justicia y sus alrededores para indicar cómo tendría que moverse cada uno de los 34 guerrilleros que tomaron el Palacio. Fue el autor intelectual de la toma y también de otras operaciones del M-19, como el robo de la espada de Simón Bolívar, el robo de 5.000 armas de un batallón del Ejército y la toma de la Embajada de República Dominicana. Lea también: La búsqueda que duró 34 años de los restos de su madre Gloria Anzola, quien cayó en el asalto al Palacio de Justicia Otero midió distancias, calculó rutas de escape, estimó tiempos y reacciones. Sabía que no se trataba de una operación cualquiera: en aquel edificio, donde se concentraba el poder judicial del país, estaba en juego algo más que un golpe militar. Fue una apuesta simbólica. Otero, un veterano de operaciones de inteligencia, concibió el ataque como un acto de impacto político. En su cabeza, el Palacio era un espacio donde todo el país se vería obligado a mirar directamente al M-19. Fue una operación de precisión, diseñada para realizarse en cuestión de horas. Entrar, dominar el edificio, retener a los magistrados, transmitir un mensaje: el M-19 exigía diálogo, reconocimiento, protagonismo. Años más tarde, Gustavo Petro –entonces un joven exguerrillero reconvertido en político– lo recordaría como una genialidad. Entrevistado por Caracol Televisión, dijo que el cerebro detrás de la toma había sido Otero, un hombre que ya había participado en operaciones tan riesgosas como la del Cantón Norte o el túnel que en 1979 permitió a la guerrilla robar cinco mil armas del Ejército. Para Petro, el de Otero fue un ejemplo de planificación, cálculo e inteligencia militar. Un golpe diseñado para hacer ruido sin intentar destruirlo todo. El plan de Otero se desarrolló tal como lo había planeado. El 6 de noviembre, poco después de las once de la mañana, llegaron a Palacio los camiones con la guerrilla. Entraron por el sótano. Desde allí se dispersaron por los pisos, buscando a los magistrados que iban a servir como rehenes. Afuera, la ciudad tardó sólo unos minutos en comprender lo que estaba sucediendo. Bogotá se quedó helada. En los alrededores, los soldados tomaron posiciones. Desde los primeros disparos quedó claro que no habría una salida fácil. El Ejército respondió con fuerza. Petro, en su relato posterior, dice que el M-19 estaba preparado para resistir durante días o semanas. Que la guerrilla pensó que la respuesta sería un operativo de infantería. Pero el Ejército optó por otro camino: la contundencia. Llegaron tanques de la Escuela de Caballería, se posicionaron frente a la entrada principal y abrieron fuego. Las llamas comenzaron a salir por las ventanas. El edificio, símbolo de la justicia, se convirtió en un campo de batalla. El fuego cruzado duró casi dos días. En el interior, los jueces de la Corte Suprema intentaron negociar, mientras los guerrilleros mantenían sus posiciones. Afuera, el Ejército no se detuvo. El resultado fue una tragedia: más de un centenar de muertos, once magistrados desaparecidos o asesinados, decenas de cadáveres carbonizados. Una parte del país culpó al M-19. Otro, al Estado. Nadie salió limpio. Petro siempre ha sostenido que ningún magistrado fue ejecutado por la guerrilla. Que el fuego que los mató provino del Ejército. Su declaración contradice testimonios, investigaciones judiciales y relatos de supervivientes. Pero él insiste. En su versión, el M-19 planeó una toma política, no un baño de sangre. Y lo que siguió fue, según su lectura, una masacre provocada por la respuesta del Estado. Lo que llamas “genio” no es el resultado, sino la idea. El diseño militar, el cálculo del golpe, la forma en que Luis Otero transformó un acto armado en un escenario de poder. Para Petro, en ese momento todavía un hombre que buscaba sentido a la rebelión, el plan era una demostración de estrategia. Para la historia, sin embargo, fue una tragedia nacional. Luis Otero fue uno de los tantos que no salieron con vida de Palacio. Pero su nombre, asociado a la planificación, sigue siendo una sombra sobre lo ocurrido. La operación, que él concibió como un acto de fuerza simbólica, resultó en un desastre total. Y cada aniversario del 6 y 7 de noviembre, Colombia revive ese dolor. El Palacio de Justicia sigue siendo, cuatro décadas después, una ruina simbólica. Enterrados entre los escombros estaban los nombres de 11 magistrados, secretarios, limpiadores y guardias de seguridad. Lo que para algunos fue estrategia, para otros fue horror.

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