Niños sin cuidado, familias rotas y territorios vulnerables: Aldeas Infantiles, la organización que hoy lidera Esteban Reyes en Colombia, trabaja en este escenario. En Colombia hay miles de niños que crecen lejos de sus padres. Algunas por abandono, otras por violencia, pobreza extrema o migración. Son historias que rara vez aparecen en los titulares, pero que conforman una realidad silenciosa: más de 15.000 menores viven hoy en modalidades alternativas de cuidado en el país. En este complejo universo opera desde hace más de medio siglo Aldeas Infantiles SOS, una organización internacional que ha construido un modelo especializado de atención infantil y que hoy intenta reinventarse ante los nuevos desafíos sociales. Al frente de su operación en Colombia está Esteban Reyes, un abogado que se dedica al sector social desde hace dos décadas y que asumió la dirección nacional en 2023. Su historia no comienza en Aldeas, sino en el descubrimiento temprano de que la ley podía cambiar vidas específicas. Recién egresado de la Universidad de los Andes, entró a trabajar en la Defensoría del Pueblo y allí entendió que una acción legal podía significar desde una cirugía hasta un acueducto para un barrio marginal. Esteban Reyes llegó a la dirección de Aldeas Infantiles Colombia en 2023. Ese descubrimiento lo llevó a permanecer en el mundo social. Años más tarde asumiría la dirección de la fundación Tiempo de Juego, donde durante más de una década consolidó programas deportivos y educativos en comunidades vulnerables. Esa experiencia, dice, fue su verdadera escuela de liderazgo: aprender a gestionar equipos, recursos inciertos y realidades humanas complejas. De allí dio el salto a Aldeas Infantiles, una organización mucho más grande, con presencia nacional y parte de una red global nacida en Austria tras la Segunda Guerra Mundial. La promesa de cuidado que sustenta a Aldeas Infantiles La esencia de Aldeas Infantiles es sencilla de explicar y difícil de ejecutar: ofrecer atención familiar de alta calidad a niños que han perdido o no pueden vivir con sus padres. Estos no son orfanatos tradicionales. El modelo se basa en familias de acogida –madres sustitutas formadas por la organización– y apoyo psicosocial permanente, con el objetivo de que los niños crezcan en entornos estables y, cuando sea posible, regresen a sus familias de origen. Cierre del proyecto Semillas de Cuidado en La Guajira En Colombia, la organización opera en 13 departamentos y participa del sistema de protección estatal que atiende a decenas de miles de menores separados de sus familias por situaciones de riesgo. Su labor no es sólo recibir a los niños: implica identificar a los cuidadores, capacitarlos, supervisar los estándares de protección y acompañar procesos familiares que pueden durar años. Este conocimiento acumulado durante décadas es, según Reyes, la principal capital de Aldeas. “La promesa de atención es el centro de todo”, explicó. Y en un país donde la violencia doméstica, la pobreza y la migración siguen provocando rupturas familiares, la demanda de estos cuidados no disminuye. Nuevos desafíos: migración, financiamiento y promoción La organización que nació para cuidar a los huérfanos europeos de la posguerra hoy enfrenta desafíos muy diferentes en Colombia. Una de las mayores es la migración infantil, especialmente de la población venezolana. En regiones como Darién, la frontera o Santanderes, Aldeas trabaja con niños que viajan solos o en contextos de alto riesgo, una realidad que hace décadas no existía en la escala actual. Foto de los inicios de las Aldeas Infantiles en Austria. A este desafío se suma otro estructural: el financiamiento del sector social. Gran parte de los recursos provienen de la cooperación internacional y de donaciones, flujos que han disminuido en los últimos años. Para sostener programas a largo plazo, como el cuidado de crianza, la organización busca diversificar fuentes, incluidas alianzas privadas y contribuciones individuales. |Quizá le interese Fernando Carrillo y su proyección en el sector privado tras una rica experiencia en la vida pública. Ese contexto llevó a Aldeas en Colombia a redefinir su rumbo. Bajo la dirección de Reyes, la entidad adoptó un plan estratégico alineado con la estrategia global 2030, que prioriza cinco frentes: cuidados alternativos de calidad, prevención de la separación familiar, acción humanitaria, incidencia política y sostenibilidad financiera. No es sólo un documento: implica medir resultados, concentrar esfuerzos y abandonar líneas donde la organización no genera mayor impacto. La incidencia es quizás el frente menos visible, pero el más político. Aldeas participa en debates legislativos y en el seguimiento de los compromisos internacionales de Colombia en materia de derechos de la niñez. La lógica es clara: sin políticas públicas sólidas y un presupuesto suficiente, el cuidado infantil no puede depender únicamente de las ONG. Un liderazgo forjado en alta mar, los desafíos de Esteban Reyes en la organización Para Esteban Reyes dirigir Aldeas significa moverse en un campo donde las variables no son económicas sino humanas. “Trabajamos con emociones, historias de vida y contextos impredecibles”, explicó. A diferencia de otros sectores, aquí las soluciones no se modelan en Excel: se prueban, se ajustan y se sostienen en el tiempo. Esa incertidumbre ha marcado su carrera desde que gestionaba proyectos comunitarios en Cazucá hasta hoy, cuando coordina una organización a nivel nacional. Lo que queda es la convicción que le llevó al sector social hace veinte años: que el talento profesional se puede poner al servicio de causas públicas. Por eso, cuando habla del futuro de Aldeas, lo hace no sólo en términos institucionales, sino también en términos culturales. Ella cree que el cuidado infantil debería dejar de ser visto como una cuestión de bienestar y convertirse en una prioridad colectiva. En un país con profundas desigualdades, la calidad de la atención infantil determina trayectorias de vida enteras. Hoy, mientras Aldeas Infantiles SOS intenta adaptarse a las nuevas realidades sociales y financieras, su misión sigue siendo la misma que hace décadas: garantizar que cada niño tenga la oportunidad de crecer en familia. Y en ese propósito –silencioso pero decisivo– está en juego una parte del futuro social de Colombia. Ver también: Navegación de publicaciones






