Débora Arango, una paisa rebelde que no tuvo miedo de desafiar la dictadura de Rojas Pinilla con sus pinceles

Débora Arango, una paisa rebelde que no tuvo miedo de desafiar la dictadura de Rojas Pinilla con sus pinceles

La artista desafió su tiempo y fue censurada por pintar desnudos y criticar al gobierno; El Museo de Santa Clara exhibirá 18 obras para conmemorar el 20 aniversario de su muerte. La Plaza del Palacio Municipal, hoy Museo de Antioquia, estaba llena de gente que intentaba estirarse sobre la punta de los pies para ver en vivo al maestro Pedro Nel Gómez pintando. Entre la multitud se encontraba la pequeña Débora Arango junto a su amiga Luz Hernández. Como pudieron, se subieron a unos andamios y lograron estar lo suficientemente altos para ver al artista trabajando. Cuando Débora se sentó en el andamio no solo vio a Pedro Nel Gómez, vio a toda la multitud que desde arriba parecía una plaga de hormigas que se amontonaban unas encima de otras para llegar al escenario donde estaba el artista. En ese momento Débora supo que ese era el arte que quería hacer. No le interesaban que sus pinceladas retrataran poder o belleza, quería pintar a personas comunes y corrientes en su vida cotidiana, con sus sufrimientos y sufrimientos. Para ese entonces ya la pequeña Débora había sido sacada del colegio porque sor María Rebecca le dijo a doña Elvira Pérez que Débora no estaba hecha para pintar cuadros escolares, que debían meterla en un instituto. Luego, mientras la niña veía al artista, se animó, se bajó del andamio, se metió entre la multitud y le preguntó a Pedro Nel si daba clases de pintura. Así terminó un año estudiando pintura con Pedro Nel Gómez, con quien realizaron una exposición donde Débora presentó al público su primer cuadro, un canario enjaulado. Terminada la exposición, las niñas, contentas por la oportunidad que les había brindado Pedro Nel de visibilizar su obra, lo invitaron a almorzar y él les dijo: «Bueno, para el año que viene no sigan pensando en paisajitos, en bodegones. Vamos a pintar lo humano, algunos desnudos, estudiar». Esa instrucción marcó el destino del artista paisa. Los alumnos de Pedro Nel se resistieron a pintar desnudos y prefirieron matricularse en el convento. La única que quedó fue Débora, quien aprendió no sólo los principios del oficio de pintar desnudos, sino que también aprendió italiano gracias a Doña Giuliana, esposa del artista. Maternidad y violencia, Débora Arango, 1950. Pedro Nel renunció a las clases que impartía a Débora sin previo aviso. La joven artista continuó sola en su formación, apoyándose en las bases que la maestra le había brindado. Hasta que presentó su primer desnudo, La Cantarina de la Rosa, una mujer desnuda sentada en postura relajada. Este cuadro le costó a Débora Arango la excomunión de la Iglesia Católica. Los críticos derribaron el cuadro de Catarina por presentar una mujer desnuda, aun así, la calidad de los cuadros de Débora fue superior al resto de los pintores que presentaron sus obras, por lo que no pudieron evitar darle el premio a la artista paisa, pero no por Cantarina, sino por Hermanas de la Caridad, otra de sus obras. Débora, una de las cuatro mujeres que tenían licencia de conducir en Medellín, enmarcó con orgullo el papel que le entregó el premio en su casa. Pero el cuadro que tanto escándalo causó entre los medellinenses terminó siendo devorado por las cucarachas, como si ellas también llevaran incrustados en sus entrañas los mojigatos prejuicios que se negaban a valorar las pinceladas del joven artista paisa. Esos fueron los primeros pasos que dio Débora por los caminos del desprecio. Cuando salía a la calle la gente la miraba con miedo, como a un bicho raro. Incluso su maestro, Pedro Nel Gómez, escondió un cuadro de Débora en una exposición para que no causara revuelo entre los asistentes. Pero a Débora no le importaba lo que pensaran los demás, ella siguió su vida sin preocupaciones, pintando y poniéndose vestidos de novia para ir a comedias con sus amigas. Siempre caminando con seguridad, como si ya supiera que era una mujer muy adelantada a su tiempo. No es gratuito el dicho que dice que, para conocer la historia de Colombia, bastaría observar las obras de Débora Arango. El compromiso social de la artista fue algo que permeó siempre en su obra. De ahí uno de sus cuadros titulado ‘Rojas Pinilla’ en el que hace una mordaz crítica a la dictadura del boyacense Gustavo Rojas Pinilla, que recientemente causó revuelo porque el Museo de Arte Moderno de Medellín quiso venderlo a la Biblioteca Luis Ángel Arango. Rojas Pinilla, Débora Arango, 1953-1957 La costumbre de Débora de hacer arte con crítica social hizo que fuera prácticamente prohibida en Colombia, donde se le impedía exponer libremente su crítica social y sus desnudos por considerarlos “indecentes” o “subversivos”. Por esta razón, se vio obligada a abandonar su país en 1954 rumbo a Madrid, España, donde perfeccionó su interés por la pintura mural. En Madrid también desarrolló su gusto por los adivinos y adivinas. Tanto es así que en la primera visita que hizo a una adivina le dijo: «Señora, usted tiene mano de artista, ¿qué vino a hacer aquí a España? No tenía necesidad». En 1955 se trasladó a Londres, donde estudió cerámica y pintó todo el día. Luego regresó a Colombia y descubrió que muchos de sus once hermanos ya habían muerto. La tristeza la invadió y en quince años no volvió a coger un pincel. La artista antioqueña falleció el 4 de diciembre de 2005 en la tranquilidad de su casa en Medellín. En conmemoración a su obra, el Museo de Santa Clara inauguró la exposición La fuga del Convento, un gesto histórico en el que las pinturas de mujeres desnudas de Débora entrarán en diálogo con las obras coloniales de figuras religiosas que perduran durante siglos en los muros del antiguo Convento de Santa Clara. También te puede interesar:

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