Durante años, la estación de TransMilenio en la calle 26 y avenida Caracas fue un lugar de tránsito rápido: subir, bajar, empujar, correr. Pocos se pararon a pensar que este punto, atravesado cada día por miles de bogotanos, estaba destinado a convertirse en algo más que una parada de autobús. Hoy, después de casi dos años de trabajo continuo, esa intersección dejó de ser una estación provisional y se convirtió en una pieza clave del futuro sistema de transporte de la ciudad: la estación definitiva donde se integran TransMilenio y la primera línea del Metro de Bogotá. La historia de esta nueva estación comenzó oficialmente en abril de 2024. Fue entonces cuando la Empresa Metro de Bogotá, a través de la concesionaria Empresa Metro Línea 1 SAS, inició las obras operativas en uno de los puntos más complejos del centro de la ciudad. No se trataba sólo de construir una nueva estación, sino hacerlo mientras la ciudad seguía funcionando: autobuses circulando, peatones cruzando, comercios abiertos y una de las avenidas más congestionadas de Bogotá en constante movimiento. El primer paso fue invisible para muchos usuarios, pero fundamental para la obra: el traslado de redes y la adecuación del separador vial, trabajo realizado en coordinación con el Instituto de Desarrollo Urbano (IDU). Antes de levantar columnas, vigas o plataformas, fue necesario mover lo que no se ve: tuberías, cables, estructuras enterradas que sostienen la ciudad bajo el asfalto. Un mes después, el 4 de mayo de 2024, comenzó una de las etapas más simbólicas del proceso: el desmantelamiento de la antigua estación de TransMilenio en la calle 26. Con los cierres y restricciones autorizadas por el Ministerio de Movilidad, la estación que prestó servicio durante años fue desmantelada para dar paso a una estructura completamente diferente. No fue una renovación menor. Fue el final de una estación pensada únicamente para autobuses y el inicio de otra pensada desde el principio para convivir con el viaducto del Metro. Durante 19 meses, el sector fue escenario de constantes obras. Maquinaria, turnos extendidos, adecuaciones técnicas y coordinación entre entidades marcaron el ritmo de un proyecto que tuvo que cumplir dos condiciones difíciles: avanzar sin detener el sistema y preparar el espacio para el transporte que aún no circula, pero que ya condiciona todo. El sábado 27 de diciembre de 2025 este trabajo acumulado comenzó a hacerse visible para los usuarios. Ese día, el alcalde de Bogotá, Carlos Fernando Galán, junto a la gerente de TransMilenio, María Fernanda Ortiz Carrascal, pusieron en funcionamiento el vagón del costado norte de la nueva estación en la calle 26 y avenida Caracas. No fue la inauguración total, pero sí un hito clave: la estación empezó a funcionar según lo previsto, por fases. Según explicó el alcalde, la nueva estación fue diseñada de manera integrada con la estructura tipo pórtico del viaducto de la primera línea del Metro de Bogotá. Esta integración no es sólo estética o simbólica. Permite una estación de mayor tamaño, con mayor capacidad de circulación interna y con espacios preparados para absorber el flujo de pasajeros que, en el futuro, se desplazarán entre autobuses y trenes. En esta primera fase se habilitó el carro dos del acceso norte, con ingreso por la calle 28. Con su entrada en funcionamiento, más de 11 mil personas diarias -principalmente habitantes de la localidad de Santa Fe, el Centro Internacional y barrios cercanos- comenzaron a utilizar una estación más grande y funcional. El primer vagón, ubicado en el mismo lado, entrará en funcionamiento en marzo de 2026, completando así el acceso norte. Para la administración del distrito, esta no es una estación más dentro del sistema. Galán lo dijo tajante: esta es la estación de integración definitiva entre TransMilenio y el Metro de Bogotá. No habrá otra versión, ni otro traspaso. Lo que se construyó hoy es lo que conectará ambos sistemas durante décadas. También se reforzó el operativo. Desde esta estación los usuarios pueden tomar las rutas B27, H27, D20, H20 y la ruta fácil 8, que conectan con los Portals del Norte, Usme, Tunal, Portal 80 y la troncal NQS por la calle Sexta. Es decir, no es sólo un punto de futura integración con el Metro, sino un nodo estratégico dentro de la actual red TransMilenio. En cuanto a infraestructura, la diferencia con la antigua estación es evidente. La nueva estructura cuenta con dos coches de 60 metros cada uno, conectados por una pasarela central. En total, la estación tiene 163 metros de largo, 8 metros de ancho y 3,2 metros de alto. La anterior estación apenas tenía 5 metros de ancho, limitación que durante años generó congestión y dificultades en las horas punta. Además, la estación incorpora 12 barreras de suelo a techo para evitar la evasión de pagos, acceso para personas con discapacidad, taquilla interna en el lado norte y seis puntos de parada, tres en cada sentido. Las puertas son completamente automáticas y cumplen con los estándares de sistemas más modernos. La gerente de TransMilenio, María Fernanda Ortiz Carrascal, explicó que la apertura de esta estación es parte de un plan más amplio. En coordinación con el gerente de la Empresa del Metro de Bogotá, Leonidas Narváez, se irán poniendo en funcionamiento paulatinamente las estaciones de la avenida Caracas que actualmente se encuentran fuera de servicio o en funcionamiento parcial. El horario ya está definido. En marzo de 2026, entrará en funcionamiento el lado sur de la estación de la calle 26. Luego seguirá la estación de la Calle 72 en su lado sur, luego la estación Sena en el primer trimestre de 2026 y, en el segundo semestre del mismo año, entrarán en operación las nuevas estaciones Flores y Marly. Más allá del hormigón y el acero, Ortiz Carrascal hizo un llamado a los usuarios. Recordó que una estación más grande y moderna no funciona sola. También depende del comportamiento de quienes lo utilizan: respetar las líneas, no pararse en la línea amarilla, dejar salir antes de entrar, ceder las sillas azules y mantener una actitud de respeto y empatía. La nueva estación en la calle 26 y la avenida Caracas no es sólo un punto de tránsito. Es el resultado de decisiones técnicas, meses de trabajo y un compromiso para preparar a la ciudad para un sistema que aún no está completo, pero que ya comienza a cambiar la forma en que Bogotá se mueve. Aquí, donde durante años sólo había autobuses, la ciudad empezó a construir su primer punto de encuentro real con el Metro.





