Así logró Carlos Ballesteros, el dueño de Bike House, convencer a la japonesa Shimano para unirse a su marca Cliff

Así logró Carlos Ballesteros, el dueño de Bike House, convencer a la japonesa Shimano para unirse a su marca Cliff

El empresario paisa comenzó a vender repuestos y partes de la maca; Insistió durante 8 años por la recién lograda alianza que se selló con una nueva planta en Rionegro. Fueron ocho años de perseverancia de Carlos Ballesteros, el dueño de Bike House, hasta lograr consolidar la alianza con el gigante japonés Shimano. Gracias a ello, Bike House contará con sistemas de cambios, frenos y tracción Shimano en sus bicicletas Cliff, elevando su nivel técnico y competitivo. Pero este no es el único movimiento con el que la compañía busca consolidar su liderazgo en el mercado nacional. La empresa, que cerró 2024 con ventas por más de $68 mil millones, ya tiene la mirada puesta en un nuevo proyecto: una planta de ensamblaje en la Zona Franca de Rionegro, donde se fabricarán bicicletas Cliff precisamente con componentes Shimano. Detrás de este éxito está Carlos Ballesteros, un paisano que no lo tuvo fácil. Se convirtió en padre antes de los 20 años, pero ese impacto de la realidad fue el impulso que lo llevó a trabajar incansablemente. De vender licores y vasos pasó a fundar una de las empresas ciclistas más reconocidas de Colombia. De vender licores y vasos a construir Bike House en Colombia Con solo 18 años, Carlos enfrentó un enorme desafío: ser padre mientras estudiaba en la Universidad EAFIT. Soñaba con ser administrador, pero la necesidad lo obligó a buscar cualquier trabajo que le permitiera mantener a su hija. Vendía ropa, comida, whisky y todo lo que encontraba. Cualquier cosa que valga la pena para salir adelante. En 1988, la suerte –o mejor dicho, su determinación– lo cruzó con Carlos Uribe, un compañero de universidad que le propuso participar en un contrato de distribución de gafas de la famosa marca Oakley. Así nació su primera empresa: Dicode. Al mismo tiempo, hizo su pasantía en Coltejer, pero el negocio con Uribe lo acercó a un mundo que cambiaría su vida: el de las bicicletas. Ese mismo año viajó a Los Ángeles para asistir a una feria internacional. Allí conoció las bicicletas de montaña, creadas en los años 70 por Gary Fisher, una tendencia que apenas comenzaba a extenderse. Ballesteros y su socio obtuvieron la representación de varias marcas para Colombia. Al regresar al país estaban convencidos de que lo lograrían, pero en 1989 el concepto de ciclismo de montaña aún era desconocido en Colombia. Lejos de darse por vencidos, decidieron abrir sus propias tiendas para promocionar este tipo de bicicletas. Entre 1990 y 1992 el negocio empezó a despegar. El éxito fue tan notable que uno de los hermanos de Uribe intentó comprarle las acciones a Ballesteros, pero él se negó. Finalmente los caminos se separaron y Ballesteros se asoció con Juan Andrés López, quedando con la representación de Scott y Specialized. Sin embargo, su ambición no se quedó ahí. En 1993 fundó su propio negocio, Bike House, con una visión clara: convertirla en la tienda de ciclismo más importante del país. Con poco inglés, pero mucha audacia, logró distribuir en Colombia Cannondale, además de cascos Giro y Bell. El éxito y la expansión de la empresa de Carlos Ballesteros Aquel joven que empezó vendiendo un poco de todo ya era un empresario con nombre propio. Luego de su viaje a Estados Unidos, Ballesteros abrió 11 tiendas en diferentes ciudades del país. Su reputación creció rápidamente, tanto que la marca Trek, una de las más prestigiosas del mundo, lo buscó para representar sus bicicletas en Colombia. No todo fue fácil. La falta de experiencia le llevó a tomar decisiones apresuradas y tuvo que cerrar cuatro tiendas, pero no se rindió. A finales de los 90 se asoció con la familia Carrioza, principales socios de Granahorrar, lo que le permitió estabilizar su empresa y proyectarla a un nuevo nivel. |Le puede interesar Alejandro Escallón: del Instagram barrial a las fiestas que venden millones en comida en Bogotá Aun así, las dificultades no cesaron. La empresa tuvo tensiones y Ballesteros incluso ofreció su participación como parte de una deuda pendiente. Sin embargo, los Carrioza confiaron en su capacidad y el tiempo les dio la razón. En 2010, Bike House se consolidó como una marca sólida, aunque dejó de distribuir Cannondale para centrarse exclusivamente en Trek, una decisión estratégica que reforzó su liderazgo. El siguiente gran paso llegó en 2017, cuando Ballesteros decidió crear Cliff, su propia marca de bicicletas, pensada para competir en el segmento medio y bajo. Fue una medida arriesgada, pero inteligente: el mercado local pedía productos de calidad a precios asequibles. Para 2019, Bike House ya había puesto 19.000 bicicletas Cliff en el mercado colombiano. Hoy, la empresa se ubica en el top 5 de los minoristas más grandes del país, con más de 42 tiendas en todo el territorio nacional. La nueva planta ensambladora en Rionegro: el siguiente paso La historia de Bike House está lejos de detenerse. Según información oficial, su planta ensambladora en Rionegro busca fabricar alrededor de 80 bicicletas por día, capacidad que las hará más competitivas frente a empresas que importan sus productos desde Asia. El hecho de ensamblar en Colombia les permitirá reducir tiempos de entrega, optimizar costos y responder más rápido a la demanda del mercado. La planta, que tendrá una superficie de 1.650 metros cuadrados, representa el primer paso de un plan de expansión más ambicioso que incluye la distribución regional y el fortalecimiento de las exportaciones. Desde aquella pequeña tienda en Medellín, creada por un joven que apenas hablaba inglés, hasta una marca con presencia nacional y alianzas con gigantes como Shimano, Bike House es hoy un ejemplo del espíritu paisa: insistir, reinventarse y nunca rendirse. Lo que empezó como una necesidad acabó convirtiéndose en un legado empresarial. Carlos Ballesteros, el hombre que alguna vez vendió licores y ropa para mantener a su hija, creó una de las empresas más reconocidas del ciclismo colombiano, demostrando que los sueños, si se pedalea con perseverancia, se pueden lograr. Ver también:

Fuente de la Noticia

Compartir en: