Así ha modernizado la Registraduría sus operaciones en el país de cara a las elecciones 2026

Así ha modernizado la Registraduría sus operaciones en el país de cara a las elecciones 2026

La entidad avanzó en identificación, participación juvenil y tecnología segura, bajo la gestión de Hernán Penagos y su plan 2023-2027. El Registro Nacional llegó a finales de 2025 con la sensación de haber avanzado más de lo esperado. No fue un año fácil. Estuvo lleno de demandas democráticas, nuevas herramientas tecnológicas, jornadas en zonas remotas y trabajo constante para recuperar la confianza en una institución que sustenta buena parte de la vida ciudadana en Colombia. En ese recorrido, la entidad que conduce Hernán Penagos se movió entre desafíos logísticos, decisiones técnicas y metas del Plan Estratégico 2023-2027 que comenzaron a materializarse con resultados visibles. | Le puede interesar: Los colombianos tendrán que elegir entre más de 3.000 candidatos en las elecciones al Congreso de 2026. El país vivió un ciclo electoral inusual. Durante el año se organizaron dieciocho elecciones atípicas, incluidas tres para gobernador y quince para elegir alcaldes municipales. Cada uno exigía coordinación, seguridad, pedagogía y un sistema que funcionara sin problemas. La entidad logró desarrollarlos con eficiencia y transparencia, mientras preparaba la última contienda del año en Bucaramanga, donde más de medio millón de ciudadanos fueron autorizados a votar en casi mil cuatrocientas mesas. Una cifra que demostraba la magnitud del trabajo, pero también la posición del Registro para demostrar que podía responder incluso en escenarios acelerados. En paralelo, el país vivió la segunda elección de los Consejos Municipales y Locales de la Juventud, proceso que en 2021 había dejado altos porcentajes de votos nulos y baja participación. Esta vez, sin embargo, más de un millón y medio de jóvenes de entre 14 y 28 años acudieron a las urnas y el nivel de votos anulados cayó a menos del dos por ciento. Ese descenso no fue accidental. La institución pasó meses recorriendo municipios, explicando el proceso, convocando a estudiantes y organizaciones juveniles, e insistiendo en que estos espacios tienen un valor democrático real. Fue un trabajo silencioso pero eficaz, apoyado por equipos que viajaron a territorios donde la presencia del Estado suele diluirse fácilmente. Las cifras de identificación también mostraron otro tipo de desafío. En Colombia todavía hay cerca de novecientas mil personas sin documentos, un subregistro que afecta su acceso a derechos básicos. Para afrontar este panorama, la entidad realizó talleres en 450 municipios y entregó más de 270.000 documentos de identidad. La tarea se concentró en lugares donde la falta de vías, conectividad o presencia institucional había dejado a muchos ciudadanos fuera del sistema. El plan para acercar el Registro a estas comunidades comenzó a gestarse con una mezcla de logística, equipamiento móvil y el convencimiento de que sin identificación no hay ciudadanía plena. El tema de la inclusión también avanzó. La entidad fortaleció sus sistemas para garantizar el registro e identificación de personas trans y no binarias, incorporando categorías específicas en los documentos de identidad y elaborando protocolos para que ese mismo reconocimiento se extienda al ejercicio del voto. Fue un paso técnico, pero también simbólico, dentro de un país donde los procedimientos suelen avanzar más lentamente que la realidad social. Mientras todo sucedía en tierra, otros trabajos avanzaban en el plano digital. El Registro intensificó su apuesta tecnológica con un énfasis claro: la protección de los datos personales. Fortaleció su Centro de Operaciones de Seguridad, también avanzó en un modelo robusto de gobernanza de datos y logró ampliar el uso de herramientas biométricas. La autenticación facial comenzó a utilizarse en procesos electorales para confirmar identidades y evitar suplantaciones, y también se habilitó para los colombianos en el exterior que necesitaban actualizar su mesa de votación. La plataforma para el registro de candidatos para las elecciones legislativas de 2026 también pasó a ser más del noventa por ciento virtual, lo que mostró un cambio en la relación de los ciudadanos con los trámites. La infraestructura tecnológica de la entidad se convirtió en un punto de atención para los organismos internacionales, que anunciaron misiones de observación para monitorear los procesos de 2026. Equipos de la Unión Europea y la OEA acompañarán los comicios con más de doscientas cincuenta personas, mientras avanzan las auditorías de los sistemas de información y la logística operativa. Para la Registraduría, este apoyo fue entendido como una oportunidad para mostrar solidez y, al mismo tiempo, reforzar la confianza en un país acostumbrado a cuestionar sus instituciones electorales. La entidad también lanzó un servicio sencillo, pero esperado: la posibilidad de obtener copias del registro civil online. El trámite, que antes dependía de visitas presenciales y horarios variables, ahora se puede realizar desde la página web. La respuesta ciudadana confirmó que era una necesidad pendiente. En el informe de rendición de cuentas de 2025, la entidad mostró estos avances con la misma mezcla de orgullo y prudencia con la que viene avanzando. El Plan Estratégico 2023-2027 aún tiene metas por cumplir, pero lo logrado permite ver una transformación sostenida. La Registraduría cerró el año con indicadores de confianza crecientes, procesos más sólidos y la sensación de haber sido parte de un cambio necesario. No fue un logro individual ni un resultado improvisado. Fue un trabajo paciente, técnico y humano, construido por miles de funcionarios que recorrieron el país, actualizando sistemas y manteniendo la estructura que permite el funcionamiento de la democracia día tras día. | Ver también:

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