El exitoso contador boyacense que impulsó a Yeison Jiménez y cuida de impuestos las fortunas a otros artistas

El exitoso contador boyacense que impulsó a Yeison Jiménez y cuida de impuestos las fortunas a otros artistas

Alirio Figueroa fue quien le dio el dinero al fallecido cantante para que grabara sus primeros discos. También es asesor fiscal de Pipe Bueno, Alán Ramírez y más. Antes de que Yeison Jiménez tuviera canciones sonando por todas partes, antes de los escenarios masivos y los coros coreados por miles, hubo un giro mínimo, casi invisible, que cambió su historia. No fue un sello discográfico, ni un productor famoso, ni un golpe de suerte. Era una buena suma de dinero enviada por alguien que no lo conocía personalmente. Alirio Figueroa, contador público nacido en Güicán, Boyacá, decidió apostar por una voz que apenas comenzaba a circular en precarias grabaciones y presentaciones improvisadas. Apostando sin aplausos, sin garantías y sin cámaras. Figueroa conoció a Yeison Jiménez en 2009 en Bogotá y fue a través de Rafael Muñoz, su manager en ese momento. Antes de ese cara a cara ya le había enviado dinero para que grabara un CD. Luego lo hizo de nuevo. No hubo contrato ni promesa de retorno. Había una intuición básica: había algo aquí que merecía tiempo. Cuando finalmente se conocieron, Jiménez estaba trabajando en Corabastos descargando y vendiendo camiones de aguacate. Turnos nocturnos, frío constante, veinte mil pesos la noche. Una rutina que no dejaba espacio para escribir canciones, ensayar, cometer errores. Yeison Jiménez en sus inicios con Alirio Figueroa y el cantante Luis Alberto Posada Figueroa fue directo. Le dijo que no fuera más a trabajar allí, que le daría esos veinte mil diarios para que se dedicara a aprender. No sólo para cantar, sino para entrenar. Se arriesgó y lo primero que hizo fue comprarle libros de cultura general, convencido de que un artista no se hace sólo con la garganta, sino con el mundo. En ese gesto hay una clave de su manera de entender el apoyo: no como caridad, sino como una inversión de tiempo y criterio. Luego vinieron las charlas sobre cómo crecer económicamente y cómo emprender desde pequeño. La ayuda no se limitó al nivel económico. Figueroa y Muñoz lo llevaban a discotecas a cantar, pagando para dejarlo subir al escenario. En ocasiones abría conciertos para artistas consagrados sin cobrar un peso, sólo para que lo escucharan. Se presentó en lugares como La Chula y Plaza México, escenarios donde el público no perdona, donde un error se paga con silencio. También le ofreció una casa en el sector de La Alquería, un espacio mínimo pero estable, algo imprescindible para alguien que hasta entonces había vivido el día a día. Lea también: La historia de amor de Yeison Jiménez y Sonia Restrepo, la mujer que lo acompañó desde antes de la fama hasta el final. Ese acompañamiento continuó durante años, hasta 2017, cuando Yeison Jiménez ya podía sostener su carrera sin apoyo externo. Para entonces, la cantante no había perdido el vínculo ni el agradecimiento. En los conciertos, en los grandes eventos, incluso en un estadio como El Campín, bajaba del escenario para agradecerle. No como un gesto protocolario, sino como reconocimiento a un tramo de la historia que suele quedar fuera de los titulares. La figura de Alirio Figueroa no se limita a un solo caso. Es contador público y su trabajo se ha centrado en diseñar y asesorar sistemas tributarios en tres frentes: industrial y comercial, artístico y de entretenimiento. Este tercer frente es menos visible pero decisivo. Centros nocturnos, plazas de eventos, escenarios nocturnos donde se dan cita artistas, empresarios y riesgos fiscales. Hay nombres como Rancho MX, de Pipe Bueno y Luisa Fernanda W; Plaza México, propiedad del empresario Andrés Felipe Gutiérrez como socio director; o Capachos, en Villavicencio, de Mauricio López. Lugares donde el éxito no se mide sólo en taquilla, sino en cómo se sostiene legal y financieramente. Alirio Figueroa propietario de la asesoría fiscal AFP. En el ámbito artístico, Figueroa ha acompañado a múltiples cantantes y figuras del espectáculo. Brinda asesoría fiscal a artistas como El Charrito Negro, Fernando Burbano, Uriel Henao, Luis Alberto Posada, Pipe Bueno, Paola Jara, Jessi Uribe y Alan Ramírez, entre muchos otros. En algunos casos, la relación es estrictamente profesional. En otros, como con Yeison Jiménez o Alan Ramírez, también se convierte en inversión directa, sobre todo en los primeros pasos, cuando no hay apoyo de la industria y todo depende de la resistencia. Parte de este trabajo se ha articulado con la compañía Mariscal de Rafael Muñoz, desde donde se estructuraron inversiones para grabaciones, álbumes y videos que permitieron a estos artistas comenzar a circular, a hacer ruido, a existir en un mercado saturado. No es glamour. Es contabilidad aplicada a la supervivencia creativa. Lea también: Los negocios millonarios en los que operaba Yeison Jiménez aparte de la música Figueroa no funciona solo. En el plano jurídico, su firma AFP cuenta con la asesoría del abogado y exfiscal general Mario Iguarán. Esta alianza refuerza un enfoque integral: fiscal y legal trabajando juntos en un sector donde los errores son costosos y la informalidad suele ser la norma. La AFP se ha convertido así en una consultoría que asesora a artistas, actores e influencers, personas que ganan visibilidad muy rápidamente, pero que no siempre cuentan con estructuras sólidas para sostenerla. La historia de Alirio Figueroa no es la del empresario que busca ser el centro de atención. Es la del profesional que entiende que el talento, sin apoyo técnico y económico, se pierde. Que detrás de cada canción que suena hay pequeñas decisiones: pagar un estudio, insistir en una presentación, cubrir un contrato de arrendamiento, explicar cómo funciona un impuesto. Decisiones que no hacen ruido, pero que sostienen las carreras.

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