Juan Gabriel Vásquez , el bogotano que con historias colombianas conquistó a lectores del mundo

Juan Gabriel Vásquez , el bogotano que con historias colombianas conquistó a lectores del mundo

Publicó dos libros ignorados, pensó en dejarlo y terminó consagrándose con su último libro con el que se convirtió en uno de los mejores del 2025. Si ‘Los amantes de todos los santos’ no funcionaba, Juan Gabriel Vásquez estaba listo para regresar a Bogotá y ejercer como abogado. Para entonces ya había publicado dos libros que pasaron desapercibidos. Tenía un doctorado, una vocación clara y, sin embargo, no estaba seguro de que la literatura fuera a alimentarlo. Juan Gabriel Vásquez Velandia nació en Bogotá en medio de la resaca de un caluroso y denso 1 de enero de 1973. Incluso antes de cruzar la puerta de su casa en Chía, ya lo esperaba la vasta biblioteca de sus padres, que sería la compañía que moldearía su manera de ver el mundo desde sus primeros años de vida. Las aventuras de Julio Verne y Alejandro Dumas animaron al pequeño Juan Gabriel, de 8 años, a escribir sus primeros cuentos con su letra redonda e infantil. Además, desde pequeño fue un lector exigente que reescribía los finales de las portadas de los libros cuando le parecía que los originales no eran lo suficientemente buenos. Luego creció siendo un adolescente apasionado por el fútbol, ​​como todos los chicos de su edad, por lo que Alfredo Vásquez, su padre, le encargó traducir una biografía de Pelé del inglés al español, tarea que con el paso de los años se convirtió en parte de su profesión. Cuando se graduó en el prestigioso colegio angloamericano, Juan Gabriel se matriculó en la carrera de Derecho en la Universidad del Rosario, no tanto porque quisiera ser abogado, sino más bien porque quería continuar con la tradición familiar. Pues sus padres y su tío, el político ultraconservador José María “Chepe” Villareal, habían dedicado su vida a la ley. Dos años de su carrera en Rosario le bastaron para convencerse de que no quería pasar el resto de su vida en tribunales llenos de tinta y escribanos, sino que lo que quería era ser escritor. Como pudo, continuó con la abogacía por mera convicción personal para terminar lo que empezaba, mientras tanto, se la pasaba leyendo novelas en clases que lo aburrían y por las tardes iba a clases de literatura en la Javeriana, donde conoció a su esposa, la publicista colombiana, Mariana Montoya. Nada más licenciarse como abogado, motivado por todos los escritores que admiraba, se convenció de que tenía que ir a París si quería ser escritor. Luego empacó en su maleta la licenciatura en derecho y el premio del Concurso Nacional de Cuento Metropolitano de Barranquilla, que había ganado con un cuento titulado “La esposa de Filipo”. La realidad fue menos romántica. París ya no era el centro cultural que había formado a Hemingway, Cortázar o García Márquez. Aun así, Vásquez se quedó. Ingresó a la Universidad de la Sorbona y realizó un doctorado en Literatura Latinoamericana. Tras finalizar sus estudios, recorrió Europa y comenzó a construir su obra sin el privilegio del ocio. A diferencia de muchos de sus referentes, no podía escribir a tiempo completo. Trabajó como periodista, traductor y docente, trabajos que sustentaron sus primeros años como aprendiz de escritor. Aunque la crítica ya lo consideraba un escritor prometedor, su carrera como escritor no despegaba. Para entonces, Vásquez había publicado dos libros que no le convencieron y que tampoco encontraron lectores. En 2001 publicó Los amantes de todos los santos, su último intento por no renunciar a su sueño de ser escritor. A diferencia de sus dos primeros intentos, el libro tuvo tanto éxito que en Colombia fue catalogado como uno de los más vendidos del año, pero en la sección de autores extranjeros, anécdota que ilustra el poco reconocimiento local que tenía Vásquez en ese momento. El prestigio internacional fue lo primero. Escritores como John Banville y Mario Vargas Llosa elogiaron su obra, mientras que en Colombia el reconocimiento tardó en llegar. No fue hasta 2011, cuando ganó el Premio Alfaguara de Novela, que su país natal descubrió en él a un gran escritor. En 2012 regresó a Bogotá, donde ya sonaba como uno de los escritores menores de 40 años con más proyección de la literatura española. Paralelamente, mantuvo su vínculo con el periodismo y ganó dos veces el Premio Simón Bolívar, la primera en 2008 por El arte de la distorsión y la segunda en 2012 por una entrevista a Jonathan Franzen publicada en El Malpensante. Desde entonces, el camino de Vásquez ha estado lleno de elogios, premios y reconocimientos. El último reconocimiento se produjo el año pasado cuando los titulares de toda la prensa volvieron a estar plagados de su nombre. Esta vez por su exitosa novela Los Nombres de Feliza, un libro con el que el escritor bogotano intenta reconstruir la memoria de la escultora Feliza Bursztyn, una mujer que fue brutalmente marginada por la cultura machista de los años 80 y que, finalmente, muere de tristeza en un restaurante de París, como lo contó Gabriel García Márquez. La carrera de Juan Gabriel Vásquez ha estado marcada por la perseverancia tras el reconocimiento tardío. Un camino en el que el sueño de ser escritor parecía bastante lejano durante años. Quizás por eso su obra insiste en mirar el pasado con desconfianza para encontrar y contar esos silencios que algunos prefieren dejar intactos. También te puede interesar: https://www.las2orillas.co/profesor-de-filosofia-le-gano-el-pulso-a-angie-rodriguez-y-se-volvio-mano-derecha-de-petro-en-el-palacio-de-narino/

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