El millonario oftalmólogo dueño del caballo de paso fino más caro de Colombia

El millonario oftalmólogo dueño del caballo de paso fino más caro de Colombia

Nacido en Antioquia y con más de 1.800 crías registradas, este semental es hoy el ejemplar más caro del país y pertenece a un médico colombiano radicado en México. En el mundo de la equitación colombiana, “Dulce Sueño de Lusitania” no es un nombre más en un catálogo ganadero. Es una pieza central de ese universo donde la mezcla de genética, tradición y dinero está escrita en cifras que para muchos resultan inimaginables. Este caballo de Paso Fino, nacido en Sonsón, Antioquia, se ha convertido en una especie de leyenda viva nacional, tanto por su valor económico como por la huella que ha dejado en la evolución de su raza. Lea también: Terremoto, el caballo clonado de Pablo Escobar, un semental que produce millones en EE.UU. El valor que se le atribuye hoy a Dulce Sueño ronda los cinco mil millones de pesos, cifra que lo ubica como el caballo más caro de Colombia. Esa suma, más allá de un precio de mercado, refleja décadas de selección, entrenamiento, registros genealógicos y la forma en que su linaje ha transformado la concepción del caballo de Paso Fino en el país. El origen de este ejemplar habla de la profunda relación entre criadores y animales. Nació en el Criadero Lusitania, propiedad de Darío Chica Arias, hombre dedicado a la doma y entrenamiento de caballos. Chica recuerda los primeros pasos de Dulce Sueño como los de un potro de temperamento vigoroso, más cercano al trote que al fino andar que luego lo haría famoso. Aquella transición, lenta y exigente, fue producto de meses de paciencia y trabajo para transformar ese brío inicial en un paso que hoy se considera prácticamente perfecto para la disciplina. Si bien los inicios no anticipaban la trayectoria que vendría, Dulce Sueño fue ganándose un lugar en los concursos y en los registros de raza. Su desempeño en la pista y su valor como criador comenzaron a destacarse, y con el tiempo su genética se volvió extremadamente demandada. Actualmente es reconocido como uno de los principales criadores del Paso Fino colombiano, con más de 1.800 descendientes registrados que continúan su línea y prestigio en fincas del país y fuera de él. Foto: Criadero La Marqueza El paso de manos entre criadores también marcó un punto crucial en su historia. En 2013, Dulce Sueño pasó a ser propiedad de Manuel Vejarano, oftalmólogo colombiano radicado en México, propietario-heredero del Criadero La Marqueza, quien ya tenía un profundo interés en la genética de Paso Fino antes de adquirirlo. Vejarano vio en aquel ejemplar no sólo un caballo admirable, sino un pilar para la evolución de su propio proyecto genético. Antes de cerrar el negocio, Vejarano, como buen conocedor de estos animales, estudió su genética y decidió que la inversión valía la pena. No se equivocó. Desde entonces, Vejarano ha sido el responsable de mantener en óptimas condiciones a Dulce Sueño, consciente de que más allá del dinero invertido, su valor radica en lo que ha representado para la raza. El caballo no sólo se ha mantenido en lo más alto de los rankings de la Federación Colombiana de Asociaciones Equinas (Fedequinas) durante más de una década, sino que también ha sido reconocido internacionalmente en múltiples eventos y competencias, donde su estirpe ha sido resaltada reiteradamente. La importancia de este ejemplar se mide también en términos de legado. Cuatro de los cinco caballos más caros vendidos en la historia de la raza en Colombia son descendientes directos de Dulce Sueño, con precios que superan con creces el millón de dólares. Esta influencia no sólo reafirma su importancia genética, sino que también subraya cómo un solo animal puede definir tendencias en los mercados más exclusivos del mundo equino. El impacto de Dulce Sueño va más allá de su figura. Sus “pajitas” de semen, como se conoce al material genético comercializado para la reproducción, son valoradas a precios elevados y son un insumo codiciado entre los criadores que buscan perpetuar o mejorar sus propias líneas de caballos. Este oficio, sumado a los costos de mantenimiento y cuidado de un animal altamente genético -que pueden superar el medio millón de pesos mensuales sólo en alimentación y servicios especializados-, dibuja un perfil donde la pasión por la equitación se encuentra con un negocio verdaderamente costoso. Hoy, con más de veintiséis años, Dulce Sueño de Lusitania sigue siendo mucho más que un caballo. Es un referente, un estandarte y, de alguna manera, un símbolo del Paso Fino colombiano. Su historia es la de un potro que desafió las expectativas, la de un criador que apostó por su potencial y la de un dueño que creyó que un animal podía ser más que un bien valioso: podría ser el punto de partida de una nueva forma de entender la genética en el ámbito ecuestre nacional.

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