Días antes de su arresto por agentes del ICE, el petrista pirata de sangre había participado en una marcha que apoyaba a Cepeda, candidato rechazado por los gringos. Beto Coral paseaba con su perro por una calle de Phoenix cuando los agentes lo alcanzaron. Era el 16 de junio y con él estaba su hijo menor. Los hombres llevaban chalecos de Investigaciones de Seguridad Nacional y no se limitaron a dar explicaciones: lo estaban arrestando. Coral logró marcar un número antes de que le quitaran el teléfono. Del otro lado estaba Daniel Coronell, quien minutos después dijo que el activista le había informado a través de esa llamada que agentes migratorios lo estaban deteniendo, que su hijo estaba con él y que no sabía qué seguía. La noticia se difundió rápidamente en un país que llevaba semanas esperando la segunda vuelta presidencial. Días antes, Coral había estado en Miami, en una marcha contra Abelardo de la Espriella, entonces candidato y ahora presidente electo, a quien había denunciado penalmente hace un año por grabarlo sin permiso en una llamada. | Lea también: ¿Quién es Beto Coral, el hombre que más odia a Uribe? El Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos dio otra versión. Coral, dijeron, había ingresado al país en 2015 con una visa de turista válida por seis meses y permaneció una década más de lo permitido: estatus migratorio irregular, proceso de deportación en curso. De la marcha en Miami y la denuncia contra De la Espriella, ni una línea. #ElReporteCoronell Primera imagen de @Betocoralg en el avión que lo trae de regreso a Colombia junto a decenas de deportados más. Más información pronto. pic.twitter.com/acPcNWK7zZ— Daniel Coronell (@DCoronell) 16 de julio de 2026 El expediente cuenta algo más. Coral había solicitado asilo en marzo, antes de que expirara su visa, alegando amenazas vinculadas a sus investigaciones sobre la desaparición forzada de su padre, el capitán de policía Humberto Coral Caballero, quien hace más de 30 años habría participado en el operativo que acabó con la vida de Pablo Escobar y murió cuando su hijo tenía ocho años. Un juez federal ya le había dado permiso de trabajo mientras avanzaba ese proceso. En marzo también había sido candidato al Congreso para la curul internacional, con el Frente Amplio. Gustavo Petro habló casi de inmediato de persecución política y pidió al gobierno de Donald Trump dar cuenta del paradero del activista. Sectores del petrismo fueron más allá: la orden, dijeron, venía desde arriba, diseñada para silenciar a un crítico del candidato con el que Washington simpatizaba. | Lea también: Venganza contra el Capitán Coral por matar a Pablo Escobar Coral estuvo detenido exactamente un mes. Este jueves 16 de julio su nombre apareció en la lista de un vuelo de la Fuerza Aeroespacial Colombiana que salió de Alexandria, Luisiana, con 92 colombianos deportados. El avión llegaría a Bogotá en horas de la noche. Petro anunció el regreso en sus redes y volvió a un logro que reivindica como propio: desde una crisis diplomática en enero del año pasado, los colombianos deportados dejaron de llegar esposados, algo que sigue sucediendo con otras nacionalidades. No descartó acudir a El Dorado a recibirlo. El activista que hace un mes paseaba con su perro en Phoenix, incapaz ahora de explicar del todo lo sucedido en esas cuatro semanas, regresó a un país que ya lo había convertido en un símbolo antes de aterrizar. Navegación de publicaciones





